Hubo más combinaciones, pero no arraigaron: remigrare (mudar de nuevo), commigrare (migrar con alguien)...
Cuando eran los pájaros los que se desplazaban regularmente,
cada año, en un esperado ciclo que hacía del tiempo algo previsible, la
palabra migrar estaba
fijada y soldada a la realidad de las aves. Ahora migran las personas en
procesos y formas no siempre estables ni repetidos, migran los correos
electrónicos a servidores nuevos y, al parecer, migran hasta nuestros datos de
alguna manera oscura.



